“Estaba totalmente desvelado. Lo intenté todo. Pero me había inmunizado al sueño. De repente descubrí que tenía 8 horas más. Mi vida se había extendido en un tercio. Quería que el tiempo pasara rápido, pero estaba obligado a contemplar el paso de cada segundo de cada hora. Quería que desapareciera el dolor que sentía. Pero, en una jugarreta cruel de los acontecimientos, ahora tenía aún más tiempo. Más tiempo para pensar en Suzy. Cogí el autobús sin tener un lugar adonde ir. Contemplé cómo cambiaba el paisaje lentamente a la luz del atardecer…antes de dejarme nuevamente a merced de otra noche sin dormir. Comencé a leer todos los libros que no había leído por falta de tiempo. Con las horas de más, hasta tuve tiempo de releer mis preferidos. Pero ella nunca dejaba de rondar mis pensamientos”
Cashback.
I couldn’t sleep
•Septiembre 15, 2009 • 1 comentarioWake the fuck up
•Agosto 22, 2009 • Dejar un comentario-Monty’s tough. I think he’ll be okay. If it were me, l…I’d never last a day, but…Monty, he’s different.
Oh, yeah? You believe that?
-Yeah.
You don’t fucking get it, do you?
-What don’t I get?
You want the simple version, Jake? Guys who look like Monty don’t do well in prison, all right? Man, he’s got three choices, and none of them are good:
One, he can run.
Two, catch the bullet train.
-Bullet train?
I’m not saying what he’s gonna do. I’m saying what his choices are. His third choice is he goes to prison, that’s it.
-Yeah, and that’s what he’s gonna do. He’ll go and I’ll see him when he gets out.
Maybe. I’ll tell you what. After tonight, it’s bye-bye, Monty.
-What does that mean?
Man, if he runs, he’s gone. He ain’t coming home. If he pulls the trigger, they close the casket. He’s gone. They lock him away, he’s gone. You’ll never see him again.
-I’ll see him again.
No, you won’t.
-I’ll visit him up there and I’ll see him when he gets out.
This is such horseshit. This is so much like you, Jake. You’re not gonna see him–
- Like me?
Yeah, it’s… exactly.
-What’s — why –
You’ll never see him again. You think you’re gonna kick back with some beers, reminisce — old times — you’re still gonna be friends? It’s over after tonight, Jake. Wake the fuck up.
Jakob Elinsky & Frank Slaughtery
From 25th Hour.
Like Raging Bull
•Agosto 9, 2009 • 3 comentariosVicki LaMotta: I sucked your brother’s cock.
Jake La Motta: You sucked my brother’s cock?
Vicki LaMotta: Yeah, I sucked his cock. I sucked all their cocks – what do you want me to tell you?
[as Jake starts moving to leave the house and confront Joey]
Vicki LaMotta: His fucking cock is bigger than yours.
¿Soy un imbécil?. Quienes creen conocerme, de seguro asentirán, sobre todo mi familia. Pero, ¿realmente soy un imbécil?. Muchas veces me lo han dicho, acompañado de gritos; golpes e incluso besos. Estos últimos, cortesía de mi ex mujer, claro. Quien de seguro conoce con creces cuan mierda puedo llegar a ser. Y es que jamás le hice fácil el diario vivir, ya que mi en cabeza siempre rondaba la idea de que ella estaba con otro tipo. Verdad o no, ya no me interesa, mucho menos ahondar en la paranoia que por esos días me atacaba. Quizá nunca me fue infiel, quizá siempre me amo, quizá yo necesitaba sabotear aquella relación. Da igual, ahora mismo ya no importa. El hecho es que yo con mujer o sin mujer, con hijo o sin hijo, continúo siendo un completo imbécil. Y es por eso es que escribo esta basura repetitiva, no en búsqueda de excusas baratas para contar una y otra vez la misma historia de la mujer que me dejo, no. Sino para buscar una explicación sobre el porqué soy como soy.
Fijemos un ejemplo: Jake LaMotta, el boxeador. Un completo imbécil según quienes lo conocieron. Reconocido como un sujeto abominable, agresivo, irascible y celoso que maltrataba a todo el mundo. El que una vez lo tuvo todo: fama; éxito; el cariño de su hermano; una bella mujer y dos hijos. Pero lo perdió todo, no por una lesión o culpa de dios, sino por el mismo. Su estupida personalidad perdedora no le permitía ver más allá de la autodestrucción. Por lo que el otrora gran campeón de peso medio, termino fracasado; sin familia y haciendo monólogos en clubes de mala muerte. Yo no soy boxeador –aunque lo he intentado-, tampoco italiano, pero debo reconocer que todos esos defectos antes mencionados son los mismos que yo poseo. Yo también tuve una mujer guapa. También tuve dos hijos. Más también fracasé. Tal vez por eso me identifica este hijo de puta. Puede que por eso sienta empatía por él cada vez que veo Raging Bull de Martin Scorsese. Lo que me lastima, lo que me llega, es la manera en que LaMotta emprendía el viaje hacia la autodestrucción. Por como él, por como yo me relaciono con las personas. Gente que me apoya y no obtiene mayor respuesta de mi parte, solo indiferencia.
Después de Raging Bull, siento que la pregunta con la que he abierto este escrito, es innecesaria. Sobre si acaso soy un imbécil?. Claro que lo soy. Un completo imbécil que no merece mas oportunidades, porque no se aprovecharlas. Quizá por eso atraviese por este momento. Quizá solo merezco ir a la cárcel, debo golpear los muros de ira, tal cual de seguro lo hizo el gran Toro Salvaje. Y es que si tipos como nosotros no cambiamos con una mujer, quizá la única forma en que podamos hacerlo es por medio del camino difícil. O tal vez que nunca podamos y solo terminemos sobre la lona, pues somos imbéciles.
Maldito serás cuando entres y maldito cuando salgas
•Agosto 5, 2009 • 5 comentariosSábado 01 de Agosto. 18:05 Hrs.
Soy un hombre libre, pienso, mientras camino por avenida Rondizzoni. A un costado esta el Parque O’Higgins, una mierda de parque, el que ahora se encuentra atestado de parejas besándose. Odio este lugar, me trae malos recuerdos, imágenes que yo no viví, pero que aun así me joden la psiquis. Cruzo y me cambio a Victoria, entonces continúo por Lord Cochrane. Eso es, me alejo lo más posible de este basurero de recuerdos. Pero no es tan sencillo, es difícil caminar cuando tus zapatillas no tienen cordones, tampoco es agradable el hecho que en tus bolsillos no haya una puta moneda para cigarrillos, pero sin embargo estas fumando; la caridad del santiaguino te ha brindado un abrazo. Desearías que fuesen unos Lucky Strike y no estas mierdas que apenas contaminan tus pulmones, ¿pero que más da?. Insisto, soy un hombre libre, ¿pero porqué?. Cierto, es necesario recapitular.
El mismo día. 15:30 Hrs.
(…) Un gendarme me toma de las esposas y me lleva a una habitación pequeña con olor a mierda. Parece amistoso… “Ya mijito, quítese toda la ropa y se me pone a hacer sentadillas”. No, mas atrás.
Viernes 31 de Julio. 23:58 Hrs.
Sentado en la cama de esta pieza, pienso que esto no es para mí. O algo así pensaba en se momento. Me echaban de un lugar, y mi estupidez me mantenía atado a la cama. No, no puedo escribir sobre esto. Cobardía quizá, prefiero pensar que quiero olvidarme del tema. Da igual. Adelantémonos un poco.
Sábado 01 de Agosto. 15:10 Hrs.
Una patrulla me lleva hasta la Penitenciaría de Santiago. Ahí soy fichado, me toman una fotografía en la que salgo con cara de imbécil, para variar. Dejo mis ostentosos artefactos de valor: cordones de las zapatillas; guantes y un celular. Firmo unos papeles que ni siquiera me dejan leer, me toman de las esposas y me dejan en un rincón mirando al muro, por un momento recordé las clases de teatro, junto a los ejercicios de vocalización antes de actuar, entonces aparece en mi mente aquel monologo, sin duda viene al caso, pero prefiero ignorar esos pensamientos. Un gendarme me toma de las esposas y me lleva a una habitación pequeña con olor a mierda. Parece amistoso.
“Ya mijito, quítese toda la ropa y se me pone a hacer sentadillas”. Me dice, mientras hace bailar la luma con sus manos. Yo, en un estado de obediencia absoluta, tal vez por la falta de cojones para organizar un botín, le hago caso. Afuera calzoncillos y hala con las sentadillas. Una. Dos. Este imbécil es gay. Fijo. Tres. Cuatro. Cinco. Concha de su madre, puto marica. Seis. Una más–. Siete. –y de insulto, paco culiao. Ocho. Vale, una mas y lo hago. Nueve. Diez. Once. Doce. Y por fin el puto gendarme culiao decide que es suficiente, revisa mis zapatillas en busca de no se que mierda y me da la orden para vestirme. Entonces comprendí el porqué de la pestilencia, olor a mierda de los delincuentes que pasaron antes de mí. Aunque claro, yo también aporte a la dulce fragancia.
Conforme pasa el tiempo van entrando más y más tipos a la celda. Primero uno en silla de ruedas, por receptación. Luego aparece un anciano por golpear al padre. Entonces siento que estoy atrapado en aquellos programas de moda que se adentran en las cárceles “más peligrosas del país”. Y por un momento me lo creo, y me pregunto si estaré bien vestido para recibir a Katty Kowalezco.
El tipo de la silla de ruedas me pregunta que hice para estar ahí. Entonces intento recordar que fue lo que hice, que hice tan grave como para estar en una celda, pero no encuentro respuesta. Es decir, fui tan malvado como para ser encerrado?. Yo no lo creo, pero si es así, y no me doy cuenta de ello, quizá este enfermo. Y si merezca estar ahí.
Salimos de las celdas y debemos formarnos en tres filas, caminamos por el sótano de la fiscalía. Luego nos dividen conforme pronuncian nuestro primer nombre y apellido, a lo cual debemos contestar con el segundo apellido.
Michael Carrasco… ¡Olivares!– Johnny Cepeda… ¡Castillo!– Alexander Troncoso… ¡Poblete!– Alfredo Flores…
¡Arias!, me apresuro a responder y salgo de la fila. Me uno a otro grupo y subimos por el ascensor, corrección: el compartimiento de un ascensor, digno de compararse a una lata de sardinas. Entonces nos encierran en otra celda en el octavo piso, a la espera de ir a una especie de juicio.
Dentro de la celda, la historia se repite. El porqué del estar ahí vuelve a resonar entre los muros, mientras pierdo mi mirada en los zapatos del peruano de en frente. Un tipo de gafas enormes, al que por prejuicio creí un pobre huevón, comienza a sentenciar a cada uno de nosotros. Nos pregunta que hicimos, hace unos cálculos y nos dice la condena. El tipo tiene experiencia. El tipo tiene abogado privado. La función sigue tal cual, todos nos mantenemos en los diferentes roles: estoicos; afligidos e indiferentes. Yo soy una mezcla de todos de ellos. Uno a uno anuncian el nombre del siguiente en entrar a juicio. Primero el peruano, quien no deja de preguntar si existe o no alguna indulgencia por ser la primera vez, luego de cometer un robo con violencia, pobre idiota. El segundo en salir soy yo, sigo con las esposas en las muñecas, claro. Para mi sorpresa hay público en la sala, lo cual me llena de vergüenza. Y comienza el acto final. Escucho las estupideces de la fiscal, digo a todo que si mientras el puto abogado a mi lado no hace nada en mi defensa, solo asiente cada cosa que dice la feminista amante del bondage encubierta. Entonces pasa, finalmente soy libre. El gendarme de turno me quita las esposas y yo me levanto de la banca. En 45 días acaba la investigación y al parecer me sentenciarán. Me enviarán a alguna cárcel atestada de flaites indignos y deberé pagar meses, quizás años por un crimen que– no se que puto crimen, joder.
Salgo del salón, bajo las escaleras y me dirijo hacia el jodido portón verde a retirar mis cosas. Para mi desgracia son las 18:03 hrs., por ende debo venir otro día, quizá cuando venga a firmar o hablar con mi abogado. No tengo celular, no tengo dinero, no tengo cordones y huelo a orina de vagabundo. La gente me mira raro, creo. No se que hacer. Caminar hasta el centro y tomar una micro, parece una buena opción. Mierda, si me voy preso, me perderé el parto de mi hijo. Mierda, necesito fumar. Mierda, no tengo plata. Mierda, odio el Parque O’Higgins. Debo salir de aquí, alejarme de la penitenciaría. Soy un hombre libre, pienso, mientras camino por avenida Rondizzoni. A un costado esta el Parque O’Higgins, una mierda de parque, el que ahora se encuentra atestado de parejas besándose. Odio este lugar, me trae malos recuerdos, imágenes que yo no viví, pero que aun así me joden la psiquis. Cruzo y me cambio a Victoria, entonces continúo por Lord Cochrane. Eso es, me alejo lo más posible de este basurero de recuerdos. Pero no es tan sencillo, es difícil caminar cuando tus zapatillas no tienen cordones, tampoco es agradable el hecho que en tus bolsillos no haya una puta moneda para cigarrillos, pero sin embargo estas fumando; la caridad del santiaguino te ha brindado un abrazo. Desearías que fuesen unos Lucky Strike y no estas mierdas que apenas contaminan tus pulmones, ¿pero que más da?. Debo venir a firmar cada mes, posiblemente no veré nacer a mi hijo, y de repente mi vida parece caer directo a la puta taza del baño, llenándose de mierda.
Camino por San Diego. Odio esta calle. A lo largo de este día, me he dado cuenta de que odio muchas cosas. Demasiadas, tal vez. Como sea, camino por San Diego. Sin detenerme llego hasta Santo Domingo, y para mi sorpresa la 504 me espera junto a un semáforo en rojo. Un pequeño detalle para hacer mi día aun más armonioso. Me siento de los últimos, donde lo hacemos los delincuentes, miro por la ventana y mi cansancio me impide dormir. Entonces repaso los hechos del día, mientras en mi cabeza resuena Terence Blanchard. Hoy ha sido un gran día.
Fotografías por Paul Marnerú.
…
•Julio 5, 2009 • 4 comentarios
21:56 Hrs. Caminas por San Diego. Odias esa calle, jamás te ha dado algo bueno, solo desesperación. Doblas por Tarapacá, pasas por el viejo cine Normandie, ves a una pareja comprar los boletos, mientras un tipo de terno espera en la entrada; pobre idiota, lo dejaron plantado. Pero a ti te da igual, ya no te gusta este cine.
Continúas caminando, doblas por Bulnes, ves a la vieja de las empanadas y piensas en comprarte una, champiñón y queso quizá, pero no. Tú no quieres comer, tampoco beber, solo caminar. Llegas a la Alameda y enciendes un cigarrillo; mierda, hacia tiempo que no fumabas. El humo te quema, y eso te gusta. Cruzas la avenida y sigues en tu recorrido, no sabes hacia donde te diriges, pero te da igual. Prefieres a andar, es más sano que convertir tu cabeza en una coctelera llena de mierda. Quieres alejarte de ese trance, lo conoces muy bien y sabes que cada vez que entras sales peor. Es tu estilo de vida, tal vez. Ni tu mismo lo sabes, olvídate de ello. Piensa positivo. Esta es una oportunidad, si. Puedes comenzar nuevamente, cambiar tu vida. Aprender de tus errores. Joder, huevón, ni tu mismo te lo crees. ¿Pero que mas da?.
Tal vez deberías irte, alejarte de esta ciudad de mierda. Santiago te hace mal. Cada día que respiras este aire mueres un poco.
Vete al servicio militar. Huye al norte, conoce el desierto. No, no te puedes ir, lo único bueno que has hecho nacerá en esta ciudad. Haz algo con tu vida, no la sigas cagando. Piensa en ti. Piensa en Angelo, tu hijo. Consigue un trabajo, junta dinero y te vas de tu casa. Cúrratelo por tu hijo, compra muebles y monta tu piso. Arma la cuna y lava sus peluches. Deja de fumar y baja de peso. En un año más no volverás a caminar solo. Llevaras un porta bebés y en el estará tu sangre. Mi sangre.









